El futuro de reciclaje pasará por los códigos invisibles

por | Dic 24, 2019 | Blog | 0 Comentarios

2025, fecha límite para que las empresas y comercios dejen de fabricar y comercializar plásticos de un solo uso y combatir los efectos del cambio climático.
Mientras tanto, en las sociedades seguiremos generando toneladas de residuos que debemos ser capaces de procesar de forma eficiente y sostenible.

El reciclaje se ha convertido en un pilar fundamental para las Smart Cities del futuro, las cuales buscan la excelencia en sostenibilidad. Cada vez son más las empresas que como PICVISA, invierten en estrategias de I+D+i. Con ellas pretenden lograr que tanto las compañías que generan productos, como los consumidores y las plantas de reciclaje, separen los residuos para su correcto tratamiento.

Y es que a menudo los usuarios tienen dudas sobre si un determinado envase puede ser reciclado o no. Existen materiales de los cuales se desconoce su fabricación, por tanto, no se sabe en qué contenedor debe depositarse. Un panorama que parece que va a cambiar en los próximos años.

Entre todas las iniciativas que hay en marcha para dar solución a este problema, destaca el Proyecto Holy Grail. Este proyecto se basa en probar la trazabilidad de los envases colocando códigos invisibles en ellos. El objetivo principal es que los usuarios puedan escanearlo con la cámara de sus smartphones (como si fuera un código QR) y saber si es posible reciclar o no el envase para después ser procesado de manera óptima en las plantas de reciclaje.

 

Proyecto HolyGrail

PepsiCo, Nestle, Henkel, Carrefour o Procter&Gamble, que dirige este proyecto, son algunas de las 29 grandes empresas que se han sumado a esta iniciativa. El proyecto está avalado por la Fundación Ellen MacArthur con el fin de acelerar la transición hacia la economía circular.

Durante tres años un equipo de expertos ha investigado el potencial de las marcas de agua y de los trazadores químicos para mejorar la precisión del reciclaje a través de una serie de códigos invisibles al ojo humano que ayudan al usuario y a las plantas de reciclaje a su correcta clasificación.

Estos códigos se encuentran grabados en el plástico o residuos de difícil clasificación, en los que, utilizando diferentes pigmentos fluorescentes, visibles únicamente a través de una luz ultravioleta, distinguen la composición y permiten su clasificación. De este modo los envases se vuelven inteligentes y aportan información que hasta ahora no tenían sobre el control de calidad o gestión de inventario, transparencia de ingredientes, información sobre su uso y cómo tratar el envase al final de la vida útil…

Gian De Belder, director del proyecto de Procter&Gamble explicaba que este sistema incluye tareas que no son posibles hoy en día, como la identificación adecuada de envases reciclables frente a los compostables:
“Lo mejor de las marcas de agua digitales es que se puede usar una tecnología a lo largo del ciclo de vida completo de un producto: desde el empaquetado hasta la clasificación en las plantas de reciclaje”.

El fin es conseguir que una mayor cantidad de envases y plásticos sean reaprovechados y evitar que acaben por ser incinerados, o peor, esparcidos entre la naturaleza.

Por tanto, la tecnología y la visión artificial serán clave para desarrollar este sistema de identificación mediante scaners, algo en lo que PICVISA lleva trabajando desde hace una década.

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