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Tecnología de vanguardia, el acelerador del reciclaje en Brasil

por | Ago 13, 2022 | Reciclaje de plásticos | 0 Comentarios

El reciclaje en Brasil vive una realidad bipolar. Por un lado, este país encabeza el ranking mundial de reciclaje de aluminio (el 96.5% de los residuos generados) y, por otro, mantiene unos índices muy modestos de reciclaje de plástico, apenas un 23% de los residuos. Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidos y alinearse con la economía circular, Brasil necesita redoblar su inversión en nuevas tecnologías, como la visión y la inteligencia artificial, para mejorar su capacidad global de clasificación y reciclaje de residuos.

En el caso de la gestión de residuos y el reciclaje, la economía circular se focaliza principalmente en la obtención de materias primas secundarias, capaces de competir con las materias primas convencionales, a partir de la valorización de residuos. Y para ello se necesitan tecnologías que faciliten la recuperación de materiales que actualmente forman parte de los flujos de rechazo y que incrementen los porcentajes de valorización. Si se quiere acelerar el cambio a la economía circular, se necesita más y mejor gestión de los residuos.

Y aquí es donde Brasil tiene un problema. Solo se recicla el 4% de los residuos sólidos, un índice inferior al de sus vecinos (Argentina y Chile), que tienen una media del 16% según datos de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA). Aunque Brasil tiene un gran potencial para aumentar sus tasas de reciclaje, varios factores las mantienen estancadas: bajo compromiso de los consumidores con la separación selectiva, falta de infraestructuras de clasificación y tratamiento, y la ausencia de medidas fiscales que favorezcan el reciclaje.

 

BRASIL, LÍDER DE RECICLAJE DE ENVASES DE ALUMINIO

Un atractivo que está detrás, por ejemplo, del innegable éxito de Brasil como líder mundial del reciclaje de latas de aluminio, con más de 14.000 millones de latas recicladas en 2021. Las claves de este éxito radican, también, en la existencia de subsidios gubernamentales y programas sociales de educación ambiental y en que más de 180.000 personas se dedican diariamente a recoger estos envases por todo el país. El alto valor del aluminio permite mantener esta estructura, en la que todas las partes del proceso obtienen un beneficio.

Las latas de aluminio son las que más contribuyen a la circularidad de la economía brasileña, ahorrando los costes derivados de la energía necesaria para los procesos de producción a partir de materias primas. El aluminio, uno de los materiales más reciclados del mundo, supera claramente al vidrio y, en especial, a los plásticos (PET) en todas las etapas del sistema de gestión de residuos en Brasil. En este sentido, el trabajo de reciclaje de plástico en Brasil es relevante, pero todavía hay mucho margen de mejora, según datos de Abiplast (Associação Brasileira da Indústria do Plástico).

Por otro lado, cabe mencionar que, pese a que en Brasil el aluminio encabece el ranking de los materiales reciclados, ya hay proyectos innovadores trabajando con el reciclaje de otros materiales. Este es el caso, por ejemplo, de Vidrioporto y Masfix, dos de las plantas de reciclaje de vidrio donde PICVISA ha instalado su tecnología de vanguardia: el separador óptico ECOGLASS.

 

VALORIZACIÓN DE LOS RESIDUOS PLÁSTICOS

Así, Brasil es el cuarto país del mundo que produce más residuos plásticos (un kilo semanal por habitante, 11,3 millones de toneladas anuales, quedando detrás solo de Estados Unidos, China e India) y el que menos la recicla (apenas el 23%). En Brasil, según datos del Banco Mundial, más de 2,4 millones de toneladas de plástico son descartadas de forma irregular, sin ningún tipo de tratamiento, en vertederos a cielo abierto, y más de un millón de toneladas ni siquiera son tratados por los sistemas de recolección.

Revertir esta situación del reciclaje de plástico en Brasil, además de ser beneficioso social y medioambientalmente, también puede ser una buena oportunidad de negocio. El potencial del mercado de reciclaje de plástico en Brasil es enorme. Esto pasa necesariamente por la valorización de los residuos plásticos, hasta ahora minusvalorados tanto por quienes los recogen y reciclan, como por quienes fabrican productos a partir de ellos. Sin embargo, la recogida y clasificación de residuos sigue siendo un cuello de botella para el avance del reciclaje y la valorización de residuos.

 

AUTOMATIZACIÓN CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y VISORES OPTICOS PARA OPTIMIZAR PROCESOS DE RECICLAJE

En este sentido, PICVISA ha desarrollado una solución puntera que automatiza plantas de reciclaje y podría mejorar las tasas de reciclaje de plásticos en Brasil. Se trata del separador óptico ECOPACK, capaz de clasificar plásticos, film, papel, cartón y otros residuos en función de su composición química, forma y color. Una solución tecnológica capaz de ayudar a las clasificadoras brasileñas a ser más competitivas, reducir sus costes y mejorar su productividad. Y, de esta manera, colaborar a que el reciclaje de residuos plásticos se incremente sustancialmente en Brasil.

La tecnología puede jugar, por lo tanto, un papel fundamental en el desbloqueo del estancamiento del reciclaje de residuos plásticos en Brasil. Teniendo en cuenta el potencial de negocio, se hace necesario buscar fórmulas tecnológicas que ayuden a conseguir que el país tenga una gestión de residuos más racionalizada, tecnificada, automatizada y segura, tanto para los trabajadores como para el medioambiente. Una tecnificación de los procesos que podría optimizarse, por ejemplo, con dichos separadores ópticos que identifiquen materiales valorizables en los residuos plásticos. Así es como PICVISA se suma al desarrollo de iniciativas que pretenden recuperar, en 2030, 1,5 millones de toneladas de residuos plásticos que ahora no se reciclan.

Otro ejemplo destacado de que Brasil está trabajando en esta línea innovadora dentro del proceso de reciclaje, es el inicio de la construcción de su primera planta de reciclaje avanzado, con capacidad para producir anualmente 6.000 toneladas de materias primas secundarias; el primer paso de un largo camino a recorrer que pasa por la inversión en nuevas tecnologías capaces de garantizar la recogida, clasificación y reciclaje de residuos y, por extensión, un futuro más sostenible.

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